jueves, 11 de diciembre de 2008

La aventura de ser docente


¿SOY UN DOCENTE COMPETENTE?
Por: Laura Ibarra Zúñiga

Sin lugar a dudas la mayoría de las personas que nos dedicamos al quehacer educativo quisiéramos contestar afirmativamente esta pregunta. En lo particular sería un autoengaño si así lo hiciera. Ser un docente competente implica mucho más que ostentar una plaza y pararse frente a un grupo.
Para entrar en la dinámica propuesta por el sistema nacional de bachillerato (SNB) y cumplir con el perfil del docente de la ecuación media superior, primero hay que clarificar que ser un maestro competente es aquel que realiza su actividad con un nivel de dominio considerable correspondiente a un criterio establecido, el cual involucra sus conocimientos, habilidades en diversos campos, destrezas, actitudes y valores.
Es importante mencionar que las competencias docentes nos deben conducir a formar personas que reúnan las competencias que conforman el Perfil del Egresado de la EMS, por lo que se debe garantizar que el Perfil del Docente sea congruente con éste. En ese sentido se puede observar que las competencias docentes integran elementos de distintas competencias genéricas proyectadas para los alumnos, pero además es imprescindible que el maestro cuente con las competencias correspondientes a las actividades propias de su profesión.
Partiendo de lo anterior en lo personal puedo afirmar que si poseo las competencias que se expresan en el Perfil del Docente de la EMS, pero reconozco que me falta trabajar en algunos atributos. Por ejemplo, puedo decir que organizo mi formación continua a lo largo de mi trayectoria profesional (competencia 1) porque reflexiono e investigo sobre la enseñanza, incorporo nuevos conocimientos y experiencias y los traduzco en estrategias de enseñanza y de aprendizaje, pero me falta actualizarme más en el manejo de la tecnología y en el uso de una segunda lengua. En lo que se refiere a la competencia 8, podría decir que estoy reprobada, porque hasta ahora no he participado en proyectos de mejora continua de mi escuela ni apoyo la gestión institucional. Tal vez esto se deba a que culpo a la dirección y a la parte administrativa de no fomentar un clima de colaboración, sin embargo ahora veo que es una parte del engranaje del sistema en el que debo embonar por el bien de mis alumnos y por ende de la calidad en la educación.
Finalmente me queda claro que para obtener el Perfil del docente de la EMS me tengo que implicar en todas las competencias como menciona Concha Carbajo en su reseña Diez nuevas competencias para enseñar, descritas por Perrenoud, quien propone un viaje metafórico sobre el mundo de la docencia, siempre en evolución, resultando ser un recorrido por la realidad impregnado de una gran dosis de amor a la profesión. Hay que partir de los intereses de nuestros alumnos implicarlos en sus propios procesos de aprendizaje, fomentar el trabajo en equipo, poner en juego actitudes y valores. El docente debe además abrirse hacia la comunidad educativa, implicar a los padres en la construcción de los conocimientos, dominar las nuevas tecnologías de la información y la comunicación tanto en su uso técnico como didáctico. En conclusión saber implicarse es las tareas del sistema educativo a nivel general concienciarse de una forma clara de la situación y asumir sus responsabilidades y tomar muy en serio el papel que se le ha conferido como formador de seres integrales.

Los saberes de mis alumnos

"Los saberes de mis estudiantes"

Por: Laura Ibarra Zúñiga

Una de las preguntas que los docentes hacemos con mayor frecuencia es ¿Qué motiva a nuestros estudiantes a navegar con tanta frecuencia y por largos periodos en el cyberespacio? La respuesta es que ellos encuentran ahí espacios para compartir, conocer, crear y socializar.
Nuestros alumnos saben comunicarse de manera rápida, economizan el lenguaje, reinventan la escritura generando sus propios códigos, crean espacios para socializar, escuchan y graban música, buscan información, consultan temas de su interés, dialogan en forma virtual con otras personas, intercambian mensajes de correo, realizan tareas escolares, ven películas, leen periódicos y revistas, entre muchas otras cosas.
Para aprovechar esos saberes en el aula, en lo personal considero al lenguaje como principal elemento, ya que es el material con el que nuestros estudiantes crean. A través del lenguaje los jóvenes sintetizan, transmiten ideas, redactan o simplemente intercambian impresiones. Generalmente solicito que busquen un tema que sea de su interés y a partir de ahí diseño actividades para trabajar con los distintos textos que ellos mismos eligen.
En repetidas ocasiones son los estudiantes quienes nos enseñan como manejar una herramienta, un comando o un programa computacional, lo que siempre nos sorprende. Por otra parte ellos comparten sus conocimientos con sus compañeros no solo en el aula, sino también en el cyber, en sus casas o en espacios abiertos cuando alguien tiene una laptop a la mano.
En síntesis, los docentes no podemos ni debemos ignorar la cyber-realidad, pues tenemos a nuestro alcance toda una maquinaria para producir el conocimiento y el aprendizaje significativo.